Visita de Jaime Torres Bodet a la EBC

Por Angela Regina Núñez Alonso
Agustín Loera y Chávez, Fundador y director de la EBC y Jaime Torres Bodet, Secretario de Educación Pública | AHEBC | Acervo fotográfico | 1944
Estudiantes congregados en el patio del plantel Reforma para recibir al Secrtario de Educación, Jaime Torres Bodet y al Rector de la UNAM, Rodulfo Brito Foucher |  AHEBC | Acervo fotográfico | 1944
Agustín Loera y Chávez, Fundador y director de la EBC y Jaime Torres Bodet, Secretario de Educación Pública | AHEBC | Acervo fotográfico | 1944
La visita de Jaime Torres Bodet y Rodulfo Brito Foucher a la EBC | Crédito, México, D.F., marzo de 1944 | AHEBC | Acervo hemerográfico | 1944

En la primera mitad del siglo XX los discursos entorno a la educación estuvieron representados por diversas orientaciones políticas, sociales y culturales (positivista, laica, popular, nacionalista, religiosa, socialista) que coexistieron durante los primeros años de los gobiernos revolucionarios. Oficialmente, en el período del General Lazáro Cárdenas se estableció una política educativa socialista[1], que respondió a un programa reformista que involucró a numerosos sectores de la infraestructura nacional.

En los sexenios siguientes, algunas de las políticas cardenistas fueron anuladas, concretamente en el ámbito de la enseñanza, muchas otras sufrieron nuevas modificaciones que tuvieron como eje rector los cambios que la posguerra trajo consigo:

La tarea histórica de la administración de Ávila Camacho consistió en estabilizar el sistema social y político resquebrajado por las rápidas reformas cardenistas, eliminar los resabios del radicalismo y conducir al país por la senda del desarrollo industrial, aprovechando la coyuntura económica y política creada por la segunda guerra mundial.[2]

También a partir de la década de los 40 surgió una sociedad urbana centrada en la gran industria por lo que fue necesario consolidar a México como un país moderno bajo el concepto de unidad nacional, lo que tuvo consecuencias en el establecimiento de la nueva política educativa: en este escenario, la educación fue concebida como elemento creador del nacionalismo.

La acción de los hombres de la élite política y de la iniciativa privada fueron fundamentales para alcanzar el progreso y el desarrollo que el régimen de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) demandaba. Durante su gestión los encargados de resolver la problemática educativa fueron Luis Sánchez Pontón, Octavio Véjar Vázquez y Jaime Torres Bodet.[3]

Luis Pontón y Octavio Véjar, en un primer momento, no lograron resolver la problemática educativa y en medio de un clima de conflictos magisteriales, Torres Bodet un intelectual de la época y heredero de la tradición vasconcelista, tomó posesión de la Secretaria de Educación Pública para consolidar el proyecto. Un día antes de ejercer el cargo declaró ante la prensa:

Nuestra escuela habrá de ser una escuela para todos los mexicanos. Una escuela amplia y activa, en que las labores de la enseñanza no se posterguen a fines políticos indebidos, y en lo cual todo lo que se aprenda prepare eficazmente a los educandos para la vida, dentro de un generoso sentido de concordia y de solidaridad nacional: No voy a la Secretaría de Educación a servir a ninguna secta. En el sentido profesional y polémico del vocablo, no soy político.[4]

Ésta fue la primera vez que Torres Bodet dirigió la Secretaria de Educación Pública, y durante su comisión promovió la educación para la democracia y la justicia. Entre las acciones que dirigió destaca la creación de instituciones educativas en todo el país y en las diferentes esferas socieoeconómicas; en 1944 ¨…llamó a la iniciativa privada para que juntos construyeran escuelas; a fin de año el poeta había levantado ya 588 de ellas”.[5]

El 28 de enero, también de 1944, el ministro de Educación Pública visitó la Escuela Bancaria y Comercial ubicada en Reforma 202. Sobre éste hecho, el Archivo Histórico de la Escuela Bancaria y Comercial (AHEBC) cuenta con fuentes hemerográficas y fotográficas pertenecientes a la Colección particular de Alejandro Prieto. Las imágenes, impresas a blanco y negro muestran el recorrido que realizaron Jaime Torres Bodet, Secretario de Educación, Rodulfo Brito Foucher, Rector de la UNAM y Agustín Loera y Chávez, Director General de la Escuela por las instalaciones del recientemente inaugurado edifico, en compañía de diversos asistentes. El evento fue consignado en la Revista Crédito del mes de marzo de ese año, de donde se desprende la siguiente nota:

El día 28 del mismo mes de enero, apenas iniciados los cursos, la ESCUELA BANCARIA Y COMERCIAL, recibió la visita de los señores Don Jaime Torres Bodet, Secretario de Educación Pública, del Lic. Don Rodulfo Brito Foucher, Rector de la Universidad Nacional Autonóma de México, así como altas personalidades del periodismo.[6]

En febrero de este año, el Secretario de Educación Pública instaló la Comisión Revisora y Coordinadora de los Planes Educativos y Textos Escolares, el 21 de Agosto promulgó la ley contra el analfabetismo , creó el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio (IFCM), y en diciembre el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPFCE).

En 1945 presentó su proyecto de reformas a la Presidencia, que lo turnó a la cámara de diputados y fue a fines de 1946 que se emitieron las nuevas reformas educativas. En éstas se facultó a los participantes a hacer escuelas de todos los tipos y grados, y una vez que se afiliasen a la SEP se sometieran a los programas oficiales. También se prohibía a las corporaciones y a las sociedades religiosas, y a los ministros de culto intervenir en la educación.

Es este contexto una de las posibilidades para apreciar los testimonios, fotográficos y hemerográficos, de la Visita de Jaime Torres Bodet a la Escuela Bancaria y Comercial, ya que son representativos no sólo de la historia de la Institución sino del proyecto educativo que se implementó durante la gestión del presidente de la República Mexicana Manuel Ávila Camacho.

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  1. En 1934 el artículo tercero constitucional se modificó y la concepción de la educación se presentó bajo la modalidad socialista; este proyecto implantaba la coeducación o la igualdad educativa entre hombres y mujeres, educación rural basada en algunos de los principios de José Vasconcelos, educación técnica, oposición religiosa y obligación de las escuelas privadas a seguir los programas oficiales. | Matute, Alvaro. “La educación pública”. Historia de México. T. 14. México, Salvat Editores de México, S.A. 1986, pp. 2441 - 2452.
  2. Meyer, Lorenzo. “La encrucijada”. Historia General de México. T. 2. México. El Colegio de México, 1976, p. 1273 – 1355.
  3. Luis Sánchez Pontón fue asignado, en un inicio, a Educación Pública para garantizar la continuación de la educación socialista. “Con la destitución de Sánchez Pontón, con el nuevo secretario Octavio Véjar Sánchez iniciaba la “rectificación” educativa. “El nuevo secretario Octavio Véjar Sánchez, de entrada dijo que no permitiría que ideas exóticas predominasen en los planes de enseñanza y que la educación debería de tener un plan espiritual; aceptó que la religión y las tradiciones patrias eran vínculos de la nacionalidad, reconoció el papel de la familia como la principal educadora y de esa manera abrió la vía regia a la educación particular”. | Ramírez Gómez, José Agustín. “La transición (1940-1946)”. Tragicomedia Mexicana, No. 1. La vida en México de 1940 a 1950. México, Ed. Planeta, México, 1955, pp. 7–65.
  4. Sotelo Inclán, Jesús. La educación socialista. Historia de la Educación Pública en México. / coordinadores Fernando Solana, Raúl Cardiel Reyes, Raúl Bolaños Martínez. 2ª ed., México. SEP, FCE, 2001, pp. 234 – 326. (Colección Educación y Pedagogía)
  5. Ramírez, 1955. p. 49.
  6. AHEBC, Acervo Hemerográfico, Con la Campaña de Alfabetización, ¨se imprimieron 10 millones de silabarios para reducir el vergonzante 47.8 por ciento de analfabetismo que había. Sin embargo, la campaña no dió los resultados que se esperaban; a fines de 1945 apenas se habían alfabetizado poco más de 200 mil de los nueve millones de analfabetos”. Ramírez, 1955, íbidem.