Una Primera Computadora

Por Ernesto Pirsch Vidal
Computadora IBM 360 | Donada por Ernesto Pirsch Vidal | AHEBC | Acervo fotográfico | 2009
Profr. Ernesto Pirsch Vidal | AHEBC | Acervo fotográfico | 2012

Me hice de alguna fama cuando fui subjefe de créditos comerciales del Banco de Londres y México: a mi escritorio llegó una calculadora de manivela, un artefacto elegante, verde, pesado, mecánico, al que había que ajustar sus discos con dientes para hacer aparecer los números del multiplicando, y luego girar, y brincar a decenas y centenas, hasta formar el multiplicador… Era tan novedosa, ¡que recibí la visita del director de la división para conocer mi juguete!

Luego en Chrysler, supe que mis facturas se elaboraban en una máquina IBM 360, un monstruo solo superado por los del IMSS y la UNAM. Teníamos un pequeño ejército de capturistas, ya usábamos cintas en lugar de tarjetas como archivo, y vi llegar los primeros discos con la tecnología de los ‘duros’ de hoy en día para el almacenaje de datos; venían en estuches redondos que recordaban las cajas de pastel. Cuando actualizábamos el porcentaje del seguro que cubría a los autos, por ejemplo, yo era requerido de permanecer en la empresa hasta a veces las 2 de la mañana para verificar que la multiplicación en las facturas resultaba correcta.

Hubo un día en que llegó la primera PC a la Arrendadora Reforma. Gran algarabía, todos apretados en la oficina de “sistemas”. El mensajero Mario encendió la máquina, hubo aplausos.

Ya después me tocó recibir las cajotas de un sistema dual AS500 o algo así en el Banco de Comercio Exterior. Tenía espacio para diez veces lo que cargamos en un principio con la información de mi dirección y quien sabe cuánto tiempo duró ociosa la capacidad instalada total. Por varios meses corrimos todo en paralelo hasta que le tomamos confianza a los fierros. Sí les digo que el control de los pasivos financieros del banco lo llevábamos en una PC muy discreta en la que conservábamos celosamente nuestra información, de donde traspasábamos los datos mensuales de forma manual a la contabilidad institucional. Incluía saldos, tipos de cambio y conversiones a moneda nacional.

He sido muy afortunado en el uso de la tecnología de oficina.

Tengo olvidada la fecha en que adquirí mi primera computadora personal. Recuerdo que me habían operado de várices, debía permanecer en casa y la llegada de las cajas con CPU, monitor, teclado y cables, y una impresora para hojas continuas de las grandes ameritó fiesta. Al día siguiente dos técnicos muy serios armaron la configuración.

Lo primero que pude hacer fue trazar unas largas cintas de colores. Ninguna letra, nada de números, escribir y conservar algo fue imposible. Venía sin programas de trabajo, solo lo operativo.

Mis amigos se burlaron de mí y mi mala compra. ¿20 megas de memoria? Yo estaba loco, había despilfarrado dinero, nunca usaría toda esa capacidad, el vendedor tendría una comisión gigante…

Aparecieron los programas “buenos”. Un sistema Windows, procesador de palabra Word que permitía escribir con letras blancas sobre azul o negras sobre verde (¿fonts? ¿qué?), y la hoja electrónica más maravillosa que se pudiera imaginar. Incluía la función financiera Payment, una herramienta que calculaba rentas iguales proporcionándole capital, tasa de interés y plazo. Ya con práctica pude elaborar tablas que diferenciaban para cada periodo capital, intereses y saldos insolutos. Mis ‘hojas’ resultaban tan ‘pesadas’, que paraban la máquina y obligaban la aparición de un rotulito intermitente que anunciaba RUNNING…, RUNNING…, por algunos segundos o minutos, para actualizar todo el ejercicio. Una recomendación: suspender el cálculo automático y ordenarlo manualmente con F9; ¡gracias al cielo!

Programas y respaldo venían es discos suaves, flopis de 5”. Su primera modificación fue la instalación de una entrada para disketes de 3 ½”, y cuando adquirí un ‘maus’ me hice experto en jugar solitarios, aunque también podía hacerlo con solo el teclado. Al formar Ernesto Pirsch y Asociados, esta PC nos dio de comer a tres familias durante casi tres años. La queríamos mucho.

Hoy, le entrego esta mi primera computadora al Museo de la EBC. Funciona, bien. Podrían recuperar información guardada en flopis y pasarla a disketes. Con mucho orgullo colaboro en la que creo es una magnífica forma de celebrar unos primeros 80 años. No sé si me debiera dar pena que mi PC amerite estar ya en un museo, creo más bien que me hace pensar que también he recorrido un largo camino muy feliz.

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Pieza donada por Ernesto Pirsch | Afiliado Oro de la sociedad de Amigos del Museo EBC

* Profesor de la Escuela Bancaria y Comercial y de UPIICSA del IPN; asesor de desarrollo empresarial; ex director general de Arrendadora Financiera Reforma, ex director de banca internacional y de finanzas del Bancomext y gerente general fundador de la Unión de Crédito para la Contaduría Pública.