Técnica, mecánica y modernidad en la EBC

Teresa Cecilia Sandoval Macías

Los adelantos tecnológicos con los que nace el siglo XXI han facilitado el desarrollo del conocimiento y el ejercicio de innúmeras profesiones. El caso de la Contabilidad, Finanzas y demás carreras vinculadas a disciplinas socio-económicas no es la excepción pero lo que hoy nos parece natural y cotidiano, fue motivo de asombro y tuvo un lugar preponderante en el imaginario moderno que los estudiantes mexicanos compartieron a mediados del siglo pasado.

De hecho, al situarnos en la década de los 50, en pleno Milagro mexicano, encontramos una poderosa percepción social que privilegiaba la modernidad, los cambios que propició y que comenzaron a modificar la mirada de ciertas esferas sociales así como su imaginario desde los años posrevolucionarios. Los cambios se convirtieron en una constante, sobre todo en la ciudad figuras como la fábrica, el hierro, los aviones y la electricidad poblaron los anuncios publicitarios y las promesas de futuro como sinónimos de bonanza, al tiempo que desde algunas posturas intelectuales y artísticas se crearon críticos discursos que prevenía de sus peligros.[1]

A pesar de las voces disidentes, la fascinación por “lo moderno” avanzó con el siglo e impuso sus ventajas. Las máquinas ocuparon un importante lugar en todos los sectores, incluidos los económicos y culturales; y en esta coordenada material, la esfera educativa también aprovechó sus beneficios.

La confianza en el progreso y el asombro que imperó en los 50 en occidente, también llegó a México y a la EBC. En 1950, La Bancaria formuló un innovador programa a favor de la enseñanza contable y comercial como parte del perfeccionamiento de sus metodologías pedagógicas. Las carreras de Contador Privado, Funcionario Bancario, Secretaria Taquígrafa y Contador Público y Auditor incorporaron modernos procedimientos mecánicos que proporcionaron gran número de experiencias y técnicas mecánicas a sus estudiantes para su excelente desempeño profesional en la contabilidad, la organización de oficinas y las prácticas comerciales.[2]

El programa fue diseñado por los contadores públicos Alejandro Prieto y José Jiménez, quienes vistos los avances tecnológicos se propusieron familiarizar a los alumnos en el manejo de máquinas sumadoras y calculadoras, altamente novedosas en esa época. El curso proponía problemas a resolver con el uso de “la mecánica”. Su éxito llevó a la creación de prácticas especiales de Contabilidad Mecánica y tiempo después a la creación del Laboratorio de organización.

El Laboratorio de organización se dividía en dos ciclos: uno para los segundos años, consideraba demostraciones y enseñanzas relativas a muebles y equipo de oficinas; y otro para los terceros, enfocado a máquinas y a sistemas de contabilidad. El programa contó por años con el apoyo de empresas como H. Steele y Cía, S.A., Proveedor de Oficinas, S.A., I.B.M. de México, S.A., Contabilidad Ruf Mexicana, S.A., National Cash Register de México, S.A., Remington Rand, S.A., y D.M. Nacional.

Representantes de las firmas acudían a la EBC e impartían conferencias, trasladaban sus equipos y los instalaban en el “Laboratorio” donde ofrecían demostraciones y explicaciones prácticas de cada máquina y sistema a los jóvenes estudiantes. 

Por ejemplo, en 1956, H. Steele y Cía, S.A. expuso una serie de conferencias bajo el título La Oficina Moderna y sus Máquinas, en las que problematizó casos contemporáneos de protección, registro, control y comunicación en los que, naturalmente, el uso de auxiliares mecánicos como las máquinas y calculadoras FACIT, favorecían la solución. Por su parte, Proveedor de Oficinas, S.A., realizó un ciclo de prácticas y demostraciones sobre sistemas de máquinas addressograph y otros mecanismos complementarios, así como la presentación de calculadoras MONROE.

Ese año también Contabilidad RUF Mexicana, S.A., compartió prácticas de las máquinas RUF Intromat y de la línea Kienzle a través de una serie de bien hilvanadas conferencias y aspectos prácticos de aplicación que presentó a los estudiantes del tercer grado de las carreras de Contador Privado y de la profesional de Contador Público y Auditor, los sistemas para Cuentas Corrientes, incluyendo en el desarrollo diversas cuentas colectivas, con clientes, deudores, proveedores, acreedores, gastos, etc.[3]

El “Laboratorio” recibió a importantes empresas que compartieron sus conocimientos con los alumnos de la EBC, quienes esperaban con curiosidad y entusiasmo cada conferencia pero, sobre todo, el momento de la demostración en el que podrían practicar con las diferentes máquinas flamantes y novedosas que se convirtieron en un puente hacia la modernidad y el progreso.

 

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[1] Milagro mexicano es el nombre con el que se conoce a la etapa de crecimiento económico sostenido que tuvo el país de 1940 a 1968, periodo en el que México ingresó en la modernidad y se industrializó en diversos sectores.

[2] Gutiérrez Flores, Agustín, “La mecánica aplicada a la Contabilidad y a la Organización de oficinas”, en Crédito. Revista Comercial y Bancaria, México, Mayo de 1956, pp.27-28 y 48

[3] Por nuestro Laboratorio de Organización, “Nuevos aspectos del Laboratorio de Organización”, en Crédito. Revista Comercial y Bancaria, México, Julio de 1956, pp. 46-47