Museo EBC en el Día Internacional de los Museos 2016

Por Agustín Aguilar Tagle

Richard de Pirro y la Arquitectura Bardahl

En contadas ocasiones, muy de vez en cuando, la vida nos regala encuentros con la belleza humana, con espíritus cuya voz es brisa de bondad, de inteligencia y de sabiduría. En mi caso, uno de esos días milagrosos fue el del pasado miércoles 18 de mayo, cuando al caer la tarde la maestra Cecilia Sandoval, directora de Museo EBC, inauguró, con la dulzura a la que nos tiene acostumbrados, la exposición fotográfica ¿Patrimonio o tradición?, de Richard David de Pirro, arquitecto y licenciado en artes por la Rhode Island School of Design, así como maestro en diseño urbano por la Universidad de Harvard y profesor de la UNAM.

La ceremonia y la exposición misma tuvieron como marco la celebración del Día Internacional de los Museos, que Museo EBC presentó en colaboración con el Museo del Chocolate (MUCHO Mundo Chocolate), cuya sede es, a propósito, una hermosa casa restaurada no hace mucho por DgL, empresa de arquitectura y diseño urbano fundada, precisamente, por Richard David de Pirro y su esposa, la también arquitecta Ana Rita García Lascuráin (me refiero a la casa ubicada en la esquina de las calles de Milán y Roma, en la colonia Juárez, una casa construida en 1909).

Al recorrer la exposición, tuve la fortuna y el honor de conversar con el maestro De Pirro y, entonces, encontrarme con un hombre enamorado de la Ciudad de México, un hombre apasionado de una ciudad que, a pesar de los pesares, sigue viva en su gente, en su ruido, en su desorden, en su arquitectura protegida por instancias oficiales y también, como señala el fotógrafo, en esa otra arquitectura que nadie protege pero que habla de lo que somos hoy, de la manera en que vivimos, de los modos de distribuir la vida familiar, de la importancia que damos a la funcionalidad, encima de la “elegancia”, del kitsch inevitable, del acierto sorprendente, de la economía real, la economía de la calle, la de quien levanta su casa sin proyecto y sin saber cuándo podrá terminarla. Ahí, en esa arquitectura de la improvisación, hay también arte, belleza y humanidad, y eso genera una explosión amorosa en el alma de Richard, quien, con atinado humor, llama a las construcciones populares de los últimos setenta años “Arquitectura Bardhal”, en referencia, claro, a la marca de aditivos cuyos anuncios pueblan nuestras calles.

Redescubrí con Richard, en resumen, un amor que había yo olvidado desde la adolescencia (antes de la construcción de los ejes viales), un amor que al expresarse, me sugiere que mire y que enfrente sin resentimientos, sin rencores, sin desprecio, sin reniegos, ese espejo roto que llamamos Ciudad de México.

Recuerdo un momento: al detenernos en alguna de sus excelentes fotografías, los ojos de Richard y su misma su voz miran y hablan como se mira al ser amado, como se habla de él, como se cuenta sobre sus vestidos, sobre sus galas, sobre sus garras, sobre su belleza, su fealdad y su esfuerzo diario de ser lo que sueña.

Termino estos garabatos con un agradecimiento profundo a Cecilia Sandoval, maestra, sí, pero sobre todo hermana mayor que nos muestra con amor y con trabajo –y alianzas e invitados especiales- que quienes formamos parte de la comunidad EBC todavía tenemos muchas cosas que aprender y mucho que sentir, y que algunas de esas cosas nunca serán parte de un buen negocio pero serán siempre parte de una buena vida.