Miguel Amador Hernández

Por Teresa Cecilia Sandoval Macías

2014 es un importante año para la Escuela Bancaria y Comercial. La institución llega a su aniversario 85 y, el 30 de abril, ocurre su cambio de rector. Desde su fundación, en 1929, la bancaria ha tenido solamente 4 rectores, hecho que nos habla de estabilidad y de una clara visión y ejecución de sus objetivos. [1]

Su estabilidad se compone también de la labor que directivos, docentes y administrativos desempeñan día a día –desde hace más de ocho décadas- con cariño y dedicación. La EBC se erige como un lugar donde tienen lugar innúmeras historias, muchas de ellas de amistad y solidaridad gracias a personas ejemplares que comparten su vida y trabajo con la institución.

Una de las piezas fundamentales del devenir cotidiano de la EBC la componen los prefectos, quienes crean un puente entre la administración escolar y el cuerpo docente. A continuación, compartimos fragmentos de la entrevista realizada en julio de 2005 a don Miguel Amador Hernández [2], quien trabajó para la bancaria durante 32 años –hasta su muerte en 2011- y a quien recordamos con respeto y cariño.

Miguel Amador Hernández, llegó de Veracruz y se incorporó a la planta administrativa de la EBC el 2 de diciembre de 1979 invitado por el licenciado Aquiles Hernández Alejandrí, quien tenía a su cargo el Departamento de Prefectura para apoyarle con una plaza temporal. “Llegué a cubrir los tres meses y esos tres meses ya son 32 años.”

Desde entonces, estuvo encargado de controlar las listas y entregarlas a los profesores, junto con otros materiales como gises y reglas que –con el correr de los años- se transformaron en plumones, grabadoras y computadoras.

Con su extraordinaria memoria, don Miguel recordó que el primer profesor al que entregó su lista –para la clase de 7 de la mañana- fue Adolfo Hermida -que siempre llegaba muy temprano- y después, a don Ángel Alvarado Piña, quien ya en la década de los 70 era toda una institución en la EBC.

Miguel Amador comentó que cuando llegó, la bancaria era una escuela pequeña a pesar de su gran prestigio – ocupaba únicamente los edificios de la esquina de Nápoles y Reforma- y que presenció su crecimiento, cuando se adquirieron los predios de Insurgentes y posteriormente los de la calle de Nápoles.

Los prefectos se ubicaban en el edificio de Reforma, “en un cubículo al que le decían ‘el púlpito’ porque era parecido al sitio donde los padres oficiaban misa”.

La plática con don Miguel nos permite conocer el ambiente de camaradería que se vivía entre profesores y administrativos. Entre sus compañeros prefectos mencionó a Pedro Aguirre, a Abraham Martínez, a Jesús Mecho y a Humberto Vázquez Barrera. Y profesores, nombró a Miguel Vega, Carlos García Rosado, David Muñoz, Ángel Piña, Edgardo Beascoechea, Ananías Molina, Clara Sáenz y Rosa Valdés de Salazar.

De épocas más cercanas, recordó a su gran amigo Miguel Gussynié y las legendarias polémicas que desataba su pasión por el futbol. Relató la anécdota en la que por perder su equipo en un clásico América-Guadalajara tuvo que raparse su bigote para pagar la apuesta contraída con Vicente Calderón, Eduardo Rosas, Alfonso Rubio y Fernando Cabrales.

Sobre su trabajo mencionó la responsabilidad y la puntualidad como prioridades para ofrecer un servicio de calidad. Y nos comentó que a lo largo de estos años de observación ha presenciado cambios muy radicales como que antes la mayoría de la comunidad era de hombres: “…las mujeres eran prácticamente todas maestras de inglés porque las demás materias eran impartidas por hombres. Ahora es al revés.” O bien, la transformación de estudiantes en profesores y directivos que se integran a la institución: “…conocí a los señores Prieto como alumnos y ahora dirigen la EBC. Y a Rodolfo Domínguez también lo conocí como alumno, después como profesor y ahora dirige el Bachillerato.”

El mensaje final que compartió para la comunidad EBC fue: “Siempre he estado al pie del cañón, como se dice tengo la camiseta de la EBC puesta desde que entré y siempre la he llevado con mucho orgullo. Agradezco a la escuela lo mucho lo que ha hecho por mí. Me ha dado de comer y yo en respuesta le he dado trabajo, servicio. Sí, me gusta estar aquí, la prueba es que ya llevo 32 años.”

En el Archivo Histórico y el Museo de la EBC recordamos con cariño a don Miguel Amador. Su ejemplar trayectoria nos muestra cómo entre todos los integrantes de la comunidad EBC se construye día a día su fortaleza y su historia.