Materia inerte que cobra vida

Por Elisa González*

La casa de Marsella 44 alberga no únicamente a la Rectoría de la Escuela Bancaria y Comercial, sino también un trozo de la memoria histórica en sus muros y en cada uno de sus espacios, los que han sido traídos a nosotros para resguardar el patrimonio y la belleza, así como para admirar la integración ecléctica de un espacio contemporáneo, funcional y minimalista con otro en el que no existe contención decorativa y que muestra el tiempo ya agotado que la vio nacer, fue mudo testigo de su devenir y ahora parece contemplarla en toda su gracia y esplendor.

A lo largo del salón principal que nos da la bienvenida se encuentra el Museo de la EBC con vitrinas que resguardan objetos de incalculable valor para la institución y, alrededor de ellas, está el ambiente, impalpable pero perenne de esta casa con aroma a historia y rincones de tradición entre los que sobresale la chimenea, que a un costado se yergue orgullosa de su presencia y de su teatral efecto en la habitación, llamativa en sus formas y muy poderosa en su expresión.

Aunque es de clara estirpe barroca tiene algo de arcana belleza medieval con detalles al estilo renacentista, como los medallones sobre las columnas estípites y la concha al centro como reminiscencia del nacimiento de la Venus de Botticelli, pureza y fuerza combinadas en una iconografía de ordenación geométrica cuya irradiación de luz y contraste con la oscuridad se conjuga para sorprender a propios y extraños como una brasa en la penumbra, insinuándose a la vista del público como una aparición celestial.

Esta chimenea parece ser un fragmento de un retablo barroco del periodo finisecular dieciochesco o del temprano decimonónico en Hispanoamérica, en los que la talla en madera representaba un capítulo completo del arte barroco, con su sobriedad formal y compositiva, que por exceso o por defecto, por origen o dirección, transformó la materia bajo la mano experta de maestros, oficiales y aprendices, que hicieron del pino, arce, nogal, caoba, roble, álamo, peral, encino y cerezo, la materia prima que trabajada con esmero, llenaría los espacios de asombrosa imaginería y llegaría a ser espectacular bajo las gubias y escofinas de los tallistas que heredarían su trabajo como parte de la devoción popular.

Las maderas más utilizadas fueron las consideradas dulces, como el pino o el arce, por ser más dúctiles a los primores de la talla; no obstante, en esta chimenea parece existir una intervención posterior a su creación en las zonas laterales, cuyos tonos rojizos delatan una presencia de cerezo, que exalta aún más la templanza barroca y la calidez de esta pieza con su amplio repertorio formal: un colorido singular, suntuoso, fruto de resplandecientes y afortunadas yuxtaposiciones.

En la base de las columnas se aprecia un ave rapaz de cada lado, imagen solar que representa el amanecer, la inteligencia, la rapidez del pensamiento y el valor; asimismo, es un símbolo inequívoco y universal de poder, asociado a la realeza y los dioses. Su posición en la base de esta chimenea parece recordarnos a las columnas cariátides en el Templo del Erecteón en la acrópolis ateniense, que se ven obligadas a cargar sobre sí una fachada, pero con tal gracia y hermosura, como si no sintieran el peso que están sujetando.

La columna estípite característica del barroco churrigueresco, se encuentra recubierta de ornamentos florales y capullos en forma de granada, símbolos de fertilidad e inmortalidad, fuente de subsistencia y refugio, representan la vida en movimiento, crecimiento y desarrollo, vinculan simbólicamente Cielo, Tierra e Inframundo, con tal vibración en sus formas que lo tupido de su decoración le confiere una sensación de movilidad y expansión, dicotomía entre figura y fondo, entre realidad y superficie, que con fuerza y portento concentra la vista en su perfección orgánica.

El remate de la columna con medallones en la parte superior con el rostro de un personaje joven, recuerda la etapa renacentista pero con una evidente voluntad hispana en la talla y con equivalencias poéticas más sutiles. Esto sirve como base para un caulículo, que de acuerdo con la Real Academia Española de la lengua, debe ser comprendido como “Cada uno de los vástagos que nacen del interior de las hojas que adornan el capitel corintio, y van a enroscarse en los ángulos y medios del ábaco”, y aunque en esta especie de base de ménsula no se observan completamente las características de dicho capitel corintio si existe una clara inspiración en él.

La parte superior con talla de carácter floral sirve de ménsula para soportar física o visualmente una figura de adoración o respeto. Es importante destacar que esta chimenea es primordialmente una obra de arquitectura, aunque no realizada en piedra de cantería ni en materiales duros sino en madera. El constructor, llamado ensamblador, poseía conocimientos de carpintería, pero también de arquitectura, ya que la chimenea al igual que el retablo debía servir de marco y encuadre, motivo por el cual también presenta virtudes escultóricas.

Cabe señalar, que en su origen, las trazas eran dibujadas principalmente por arquitectos de oficio o maestros especializados en el manejo de la madera. Posteriormente se tomaría el camino contrario: los escultores, pintores, entalladores, adornistas e incluso orfebres acapararon el diseño orientándolo a favor de lo escenográfico, pictórico y decorativo. Estas obras revelaban ya la madurez de quienes habían bebido de las más distintas fuentes estéticas e intelectuales, integrándolas profusamente en una personalidad artística en su totalidad original y ecléctica. Por desgracia, desconocemos el nombre del artífice a quien corresponde esta obra de innegable fuerza expresiva que amalgama las más vivas tradiciones de nuestro país.

Esta chimenea que en su momento brindó calor se encuentra transformada en materia inerte que cobra vida, y que al día de hoy aún ilumina la fascinación del arte barroco. Elegancia y figura tanto en sus detalles como en la orquestación general de sólida geometría: un arte eterno como eterno es el mensaje de su belleza.

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*Dra. en Historia del Arte.

Profesora de la Maestría en Alta Dirección en la EBC campus Dinamarca y Toluca.