María Eugenia Maldonado Martínez

Por Teresa Cecilia Sandoval Macías
C.P. María Eugenia Maldonado Martínez | Amiga del Museo EBC | AHEBC | Acervo fotográfico | 2009
Grupo de estudiantes premiados 1981-1982 | AHEBC | Acervo fotográfico | Donada por la C.P. María Eugenia Maldonado Martínez | 1982
Fragmento del folleto de Premios  1981 - 1982 | Donada por la C.P. María Eugenia Maldonado Martínez | AHEBC | Acervo documental | 1982
Fragmento donde se consigna el Premio Deloitte, Haskins & Sells, S.C. | Donada por la C.P. María Eugenia Maldonado Martínez | AHEBC | Acervo documental | 1982
María Eugenia Maldonado frente al presidium | Donada por la C.P. María Eugenia Maldonado Martínez | AHEBC | Acervo fotográfico | 1982
María Eugenia Maldonado Martínez | Donada por la C.P. María Eugenia Maldonado Martínez | AHEBC | Acervo fotográfico | 1982
Nota en Ventana estudiantil sobre la premiación de 1982 | Ventana estudiantil, México, D. F., agosto de 1982 | AHEBC | Acervo hemerográfico | 1982
Estudiantes premiados en 1982 | Donada por la C.P. María Eugenia Maldonado Martínez |  AHEBC | Acervo hemerográfico | 1982
  • Bachillerato. Generación: 1976 - 1979

  • Contador Público. Generación: 1979 – 1983

Gracias a egresados, ex profesores y personas que han laborado en la EBC, nos acercamos al relato de la historia de la vida cotidiana de nuestra Institución. Con el entusiasmo y la participación de todos, seguimos creciendo para fomentar y compartir la tradición que implica ser EBC. En esta ocasión, la Contadora María Eugenia Maldonado nos platica cómo vivió su experiencia:

La C.P. María Eugenia Maldonado es una orgullosa exalumna de la EBC, quien desde su último año como estudiante ha hecho una importante labor reuniendo a sus compañeros de generación y hoy, a través del Museo EBC comparte con toda la comunidad un fragmento de su historia.

María Eugenia acudió a nuestra charla en compañía de su hija Mariana Fernández Maldonado. Nos comentó que su padre, Leopoldo Maldonado Ruiz estudió en la EBC y que es egresado de la generación 47 – 50 de Contadores Públicos.

Nos platica que desde pequeña lo acompañaba y lo veía trabajar como contador, su labor le llamaba mucho la atención y fue entonces, con apenas seis años, que decidió que ella también sería contadora, aunque a esa edad no tenía mucha idea de lo que implicaba (nos dice con una sonrisa).

Cuando creció, no tuvo ninguna duda y cumplió su promesa. La elección de la Institución donde estudiaría era obvia, la familia no se preguntó por ninguna otra opción e ingresó al Bachillerato en Ciencias Sociales que ofrecía la Escuela Bancaria y Comercial en 1976 para cursar, años después, la carrera de Contador Público.

De sus días de estudiante se acuerda de varios de sus maestros como Javier Vega y su cátedra de Matemáticas y el profesor Alvarado que impartía Auditoria en una voz casi inaudible, pero especialmente de Don Raúl Niño Álvarez, de quien nos comenta era un hombre impactante que sabía conjugar la disciplina con la amabilidad, ya que era muy estricto pero en ocasiones relataba algún chiste para, acto seguido, volver a la lección, todos concentrados y en silencio total. María Eugenia nos dice que tuvo la oportunidad de colaborar con él en uno de sus libros ya que participó como mecanógrafa y pudo conocer otra de las facetas del profesor, que siempre fue todo un caballero y una persona muy educada. María Eugenia nos compartió la dedicatoria en la que Raúl Niño reconoció su trabajo en la publicación.

Al relatarnos anécdotas sobre sus compañeros menciona que había de todo, estudiantes relajientos y había quien estudiaba mucho como ella. De su generación obtuvo amistades entrañables y muchos de ellos aún se reúnen. Explica que se conocen desde que tenían 15 años, ya que iniciaron juntos el Bachillerato y que incluso hay varios matrimonios que se conocieron en aquella época.

Recuerda a un compañero que apodaron “mala suerte” debido a que le ocurrían todo tipo de accidentes e infortunios. Al respecto, cuenta que en una ocasión, el profesor Niño Álvarez fue internado y sus alumnos fueron a visitarlo al hospital, el compañero en cuestión, impresionado al ver al maestro se desmayó, provocando un alboroto total que ahora, tiempo después rememoran con buen humor.

También evoca el salón volado en el patio al que bautizaron como “la pajarera”, las canchas de básquetbol en el patio de la escuela y que muchos compañeros jugaban; nos dice que había muy buen ambiente, acota que “sobre todo en el bachillerato” puesto que una vez estudiando la carrera todos comenzaron a trabajar y se hicieron de nuevas responsabilidades. Entre las muchas cosas que María Eugenia nos platicó hizo referencia a la moda, ya que casi todas las niñas usaban faldas y vestidos, los pantalones no se habían popularizado y generalmente llevaban tacones, así como el cabello con “base”.

María Eugenia fue acreedora de uno de los premios que la Institución entregaba anualmente. No recuerda ni cómo se enteró de que lo había obtenido pero sí de la emoción que le dio y de la satisfacción que sintió, ya que estudiaba mucho, le gustaba mucho la carrera y sobre todo, las matemáticas. El premio consistió en cinco mil pesos y una moneda azteca.

Nos platicó que por la mañana todos los alumnos premiados fueron reunidos en el edificio de Reforma para tomarles una fotografía conmemorativa y que por la tarde fue la ceremonia presidida por Don Alejandro Prieto; quienes entregaban las distinciones eran los representantes de los Bancos y Despachos. En su caso fue el de Deloitte Haskins & Sells.

Tras concluir el bachillerato comenzó a trabajar con su padre al tiempo que cursaba contaduría, ya que la EBC ofrecía turnos mixtos que posibilitaban esta situación. Al egresar laboró en Burroughs, actualmente UNISYS, donde logró un gran desarrollo al llevar la contabilidad de ventas de todo México.

Nos habló de que ella era “rapidísima” escribiendo a máquina y de la incursión de los adelantos tecnológicos, de cómo fueron apareciendo máquinas más pequeñas y ligeras y de los primeros cursos de “Basic” que se impartían en monitores monocromáticos una hora a la semana. También hizo alusión a la privatización de la banca acaecida en la década de los ochenta y sobre el descontento que esto provocó.

Para ese entonces, su hermano Leopoldo también estudiaba en la Escuela y escribía en Ventana impulsado por el profesor Miguel Gussinyè, quien fue muy buen amigo suyo. Nos platica también, de los concursos de oratoria y poesía organizados por Gussinyè y de que el trofeo consistía en espigados “Quijotes” confeccionados en papel maché para quien ganará.

María Eugenia se siente afortunada de haber estudiado en esa época, antes de la tecnología actual, ya que aprendió a “hacer las cosas bien desde un principio”, a valorar los resultados y el empeño que costaba, por ejemplo mecanografiar un trabajo perfecto.

Concluye diciendo que se apreciaba mucho el esfuerzo y el valor de crear algo. Se encuentra muy agradecida con la carrera y a pesar de que en ocasiones resulta muy demandante, le encanta ser contadora.

El Museo EBC resguarda la identidad de la primera Institución de régimen privado, fundada en México y enfocada al mundo de los negocios.

Desde 1929, la Comunidad EBC ha generado gran cantidad de fotografías, documentos y objetos que son vestigio de su historia.

Gracias al apoyo de los afiliados y benefactores estamos preservando el Archivo Histórico de la EBC.