Los Cursos por Correspondencia de la Escuela Bancaria y Comercial

Por Teresa Cecilia Sandoval Macías

LA ENSEÑANZA POR CORRESPONDENCIA DESARROLLA EN EL INDIVIDUO LA INICIATIVA, el sentido práctico, el deseo de bastarse a sí mismo, la exactitud y la concentración en el trabajo: factores todos indispensables para el éxito.

I.

El nacimiento de la Escuela Bancaria del Banco de México obedeció a la necesidad de capacitar a los empleados de la Institución en el manejo de la banca central -que se había instaurado en el país en septiembre de 1925 como resultado del espíritu reconstructor que la revolución trajo consigo-. Según las memorias de Alejandro Prieto Llorente, así como documentos provenientes del Archivo Histórico del Banco de México y los textos de su historiador -Eduardo Turrent- sabemos que a instancias del Director Alberto Mascareñas la Escuela creció aceleradamente. [1]

Entre los factores que contribuyeron a ello, destaca el surgimiento de la primera Escuela Nacional por Correspondencia el 2 de marzo de 1931. La intención era llevar los conocimientos generados por la Escuela Bancaria a los empleados de las 26 sucursales que el Banco tenía en ese año. [2] Los cursos promovieron la creación de una nueva teoría contable –que respondía a la realidad posrevolucionaria- y la redacción de los libros de texto necesarios para su enseñanza.

La enseñanza a los empleados de las sucursales del Banco, ha sido constante, lográndose la redacción de tres cursos originales, entre los cuales el de Contabilidad Comercial, que se debe al señor Contador Alejandro Prieto, ha sido juzgado por las autoridades de la materia como un método nuevo e inmejorable para la enseñanza de la contabilidad, cuya impresión reportaría al Banco y al público en general, una enorme ventaja. [3]

El Banco ordenó 2,500 ejemplares por curso a los talleres de Editorial Cvltvra de los hermanos Loera y Chávez y la Escuela fue viento en popa hasta 1932. En ese año, el rápido crecimiento de la institución bancaria demandó una transformación que lograra hacer frente al rechazo al proyecto de emisión por parte de la población, los graves problemas crediticios y a la situación económica internacional. Así, bajo la égida de Agustín Rodríguez (director de 1932 a 1935) el Banco se reestructuró, ajustó sueldos y personal, redujo gastos generales y cerró la Escuela Bancaria. [4]

Cartas de diferentes Estados de la República comenzaron a llegar a los profesores solicitando la reapertura de la Escuela o la continuación de las clases, cabe destacar que para ese entonces el Banco había concedido algunas plazas al público en general para continuar con los cursos por correspondencia. Y, ante la insistencia y la valoración del proyecto, 17 profesores del claustro original –encabezados por Manuel Gómez Morin y Agustín Loera y Chávez- fundaron la Escuela Bancaria y Comercial en agosto de 1932, que ofrecía –para cualquier interesado- las carreras de Funcionario Bancario y Contador Privado en sus cursos orales y por correspondencia.

II.

El México de la década de 1930 se hallaba inmerso en el sueño de la modernidad y con la inercia creativa que posibilitaba el inicio de proyectos en todos los sectores. Fiel a ese espíritu, la Escuela Bancaria y Comercial desarrolló folletos promocionando sus Cursos por Correspondencia en los que el éxito se traducía en el progreso logrado a partir de una sólida educación: …PROGRESO Y TRIUNFO no se logran sino con una APTITUD MEJOR: es por ello que un grupo selecto de profesionistas ha llevado a todos los ámbitos de habla española la buena nueva del éxito con sus Enseñanzas Comerciales y Bancarias, Jurídicas y Económicas, en forma de CURSOS POR CORRESPONDENCIA perfectamente sistematizados, que suman a las excelencias de una teoría sencillamente expuesta, la realidad práctica de inmediata aplicación. [5]

Durante estos primeros años de vida, el claustro docente de la EBC perfeccionó sus teorías y fue actualizando los contenidos de las lecciones que se enviaban por correspondencia a todo México –y eventualmente también a diferentes países de América Latina-.

Entre las ventajas que ofrecían los Cursos por Correspondencia se encontraba la posibilidad de que “el suscriptor” –como se llamaba inicialmente la figura del estudiante a distancia- pudiera estudiar en su casa y que tuviera el tiempo necesario para trabajar. El costo de los estudios se reducía considerablemente en comparación de la colegiatura de cursos orales o de un sistema por correspondencia extranjero. El aprendizaje era individual, el correo era el medio más común de comunicación, lo que facilitaba que el alumno se comunica[ra] directamente con sus profesores, ya que se da atención especial e individual a cada lección. El orden y la redacción de las lecciones permitían que el alumno pudiera acomodar su tiempo a conveniencia registrando una significativa progresión en su conocimiento. [6]

En cuanto a contenidos, la academia de la Bancaria vigiló cuidadosamente la congruencia con la realidad nacional: …habiendo sido redactada [la enseñanza] en vista de todos los adelantos extranjeros en cada materia, se han tenido en cuenta, constantemente, las costumbres mexicanas, y sobre todo se han amoldado los Cursos, rigurosamente, a la Legislación mexicana en vigor. [7]

El Departamento Técnico se encargaba de satisfacer cualquier duda –y cuántas veces se requiriera- que los estudiantes enviaran a través de la “Nota de dudas”. Los alumnos recibían vía correo postal un lote de lecciones que debían estudiar para responder los cuestionarios. Posteriormente, remitirlos respondidos a la Escuela y esperar a recibir las correcciones y las calificaciones para remitir la siguiente lección.

Las escala de calificaciones descendía del 10 –que era excelente- hasta el 6 –considerado mediano- y de obtener esta última nota, la respuesta se devolvía para que el estudiante pudiera repetir su trabajo. La escuela proporcinaba carpetas para que, al final del curso, se pudieran reunir todas las lecciones en ellas y se tuviera el volumen completo.

Para obtener el diploma de Contador Privado era nacesario cursar satisfactoriamente las 95 lecciones que lo componían, mientras el de Funcionario Bancario tenía 85. Hubo muchos estudiantes que acreditaron las 180 lecciones y fueron diplomados en ambas especialidades.

Como dato curioso destaca que solamente se podría utilizar papel grueso de ser necesario utilizar las dos caras, de lo contrario se pedía que los cuestionarios fueran escritos sobre papel delgado.

Finalmente, la EBC ofrecía a los egresados de sus carreras el servicio permanente de información sobre las actualizaciones en los programas, junto con la información bibliográfica pertinente para estar al día en cada materia.

Continuará…

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  1. Alejandro Prieto, La escuela y yo, [inédito]
  2. AHBM. Informe Anual 1931. Séptima Asamblea General Extraordinaria de Accionistas. Octava Asamblea General Ordinaria.  Novena y Décima Asambleas Generales Extraordinarias
  3. Eduardo Turrent Díaz, Eduardo, Historia del Banco de México, México, Banco de México, 1982, Vol. 1
  4. Op. Cit. AHBM. Informe Anual 1931.
  5. Íbidem.
  6. Op. Cit., Eduardo Turrent, p. 270
  7. AHEBC, Ramo Documental, Escuela Bancaria y Comercial. Cursos por Correspondencia y Orales, 1933.
  8. Íbidem.
  9. Íbidem.