La EBC en la década de los 70

1970 inauguró un decenio lleno de cambios globales y de aportaciones en el mundo de la cultura. La Guerra de Vietnam se recrudeció y culminó con la derrota del ejército estadounidense; en el Canal de Suez tuvo lugar la Guerra de Yom Kipur; y en América Latina comenzaron las dictaduras de Uruguay, Chile y Argentina, mientras que concluía la española con la muerte de Francisco Franco. La ONU proclamó el Día Internacional de la Mujer, la OMS declaró oficialmente la erradicación de la viruela y la Madre Teresa ganó el Premio Nobel de la Paz.

México fue sede de IX Copa Mundial de Fútbol y los jóvenes asistieron a la separación de los Beatles y al nacimiento de Queen, vieron Chinatown de Polańsky y la Guerra de las Galaxias de Lucas en enormes salas de cine; y leyeron Momo de Michael Ende y Ojos de perro azul de Gabriel García Márquez.

La revista Ventana estudiantil, que ha registrado la historia de la EBC desde 1961, nos permite acercarnos también a la vida cotidiana de sus estudiantes. Sus páginas consigan que a inicios de 1970, los jóvenes que estudiaban en la Bancaria recibieron la década con el entusiasmo que privó alrededor del eclipse solar ocurrido el 7 de marzo, visible en buena parte del territorio mexicano, incluida la capital.

En ese año también una delegación de alumnos de la EBC participó en el Foro Internacional de la Juventud organizado por la ONU y en 1971 muchos asistieron al Festival Rock y Ruedas de Avándaro, al que incluso dedicaron un nutrido suplemento en su boletín con reflexiones y entrevistas alrededor de la paz, la música, la libertad, el uso de estupefacientes y los hippies; temas que involucraban política y activamente a los jóvenes frente a sucesos como los ocurridos con el movimiento estudiantil de 1968 y los efectos de la Guerra Fría.

La vida cotidiana trascurría entre clases, torneos de volibol y básquetbol, salidas con los amigos, el esperado rally sobre Paseo de la Reforma, excursiones de montañismo, tareas, exámenes y el esfuerzo para conseguir los apreciados distintivos de Mérito Escolar (llamados broches de mérito desde el amarillo hasta el de oro) o formar parte de los galardonados en la ceremonia de Premios y Menciones de fin de año. Repasos con clases grabadas en el Aula Mayor, las tradicionales Guardias de Honor frente a la columna de la Independencia y el concurso anual de oratoria en inglés organizado por la profesora Martha Verde se intercalaban con los torneos de ajedrez, tés danzantes y las representaciones del grupo de teatro Virgo de la EBC.

En el ámbito académico ocurrieron importantes eventos: el plan de estudios se reestructuró en programas semestrales, el departamento de Cursos por Correspondencia se convirtió entre 1974 y 1975 en Extensión de Enseñanza por Correspondencia, área dirigida por la profesora María Eugenia J. de López Aguado, y a partir de 1976 a Extensión de Enseñanza Abierta, cuya subdirección estuvo a cargo del C.P. Francisco Calleja. El área también se conoció como Instituto de Enseñanza Abierta (IDEA), que en aquella época se ubicaba en el edificio de Nápoles número 10, colonia Juárez.

Se abrió la Licenciatura en Banca y Finanzas -ligada a los orígenes de la institución-, el calendario escolar se modificó para comenzar clases en febrero. Mientras que en el ámbito cultural se creó el Festival de Arte y Cultura, organizado anualmente por el querido profesor Miguel Gussinyé. Conocido por el mote de Festival de los Quijotes -los participantes eran distinguidos con una efigie del legendario Alonso Quijano- convocaba a los estudiantes para compartir con la comunidad sus habilidades en declamación, pintura, cuento, música y fotografía.

En este momento de transformaciones la Institución adquirió, en 1976, el terreno de Insurgentes Sur no. 17, lo que le dio una sólida presencia en la cuadra de intersección de las avenidas Reforma y de los Insurgentes. Tres años después, en 1979, año del cincuentenario de la EBC, se estrenó el nuevo edificio que la dotaría de una identidad arquitectónica renovada. La construcción, sobre Insurgentes, fue concebida con el característico estilo funcionalista de Augusto H. Álvarez.

El inmueble de Insurgentes 17 alojó nuevos salones y un auditorio –con su colección de arte contemporáneo-, posibilitó la renovación de la biblioteca (que antiguo espacio del Aula Mayor), y unos meses después de su inauguración, en noviembre, la develación de dos murales creados por el pintor Alejandro Prieto Sierra.