La EBC en la década de 1930

Por Teresa Cecilia Sandoval Macías

En agosto 1932 la Escuela Bancaria y Comercial comenzó a impartir las carreras de Funcionario Bancario y Contador Privado de forma independiente al Banco de México. En ese entonces la capital se convirtió en la sede de los poderes federales, desde ella se urdió la cimentación del estado revolucionario y se inició un intenso proceso de urbanización en el que también se crearon paradigmas que incorporaron nuevas formas de comprender el mundo: modernización industrial, integración de tecnologías y una visión cosmopolita ligada a la idea de progreso.

La ciudad crecía para dar cabida a oleadas de inmigrantes que llegaban diariamente y modificaba su morfología con un nutrido número de construcciones, planes para generar vías y medios de comunicación, la aparición de nuevas avenidas y calles. Los nacientes rascacielos y novedosas tipologías arquitectónicas evocaban horizontes citadinos extranjeros y representaban esperanza, progreso y prosperidad. Los medios de comunicación cobraron un papel relevante y la información fue partícipe del caleidoscopio creado por radio, cine y revistas ilustradas.

Alejandro Prieto, fundador de la EBC, escribe en sus memorias que las clases en la Bancaria iniciaron el 1° de septiembre de 1932 en un antiguo edificio del centro de la Ciudad de México ubicado en la calle de Palma número 27, esquina con Madero. Narra cómo se reunió el importe necesario para cubrir la renta de 125 pesos mensuales de tres habitaciones y un pasillo en el tercer piso del inmueble y un depósito del mismo monto, así como para el pago de servicios y la difusión en prensa. En su caso, aportó inicialmente 500 pesos de la venta del automóvil paterno, 300 pesos para anunciar su libro Principios de Contabilidad y para montar las oficinas, una máquina de escribir Underwood que había pertenecido a su abuelo. Y escribe también sobre el apoyo que el Banco de México ofreció al ceder las lecciones impresas de los Cursos por correspondencia, muebles y útiles de trabajo. [1]

A los cursos de la EBC acudían empleados de la Secretaría de Hacienda y de otras instituciones financieras y comerciales, así como jóvenes del público en general. En 1933 iniciaron los cursos de las carreras de Contador Privado y de Secretaria Taquígrafa.

Alejandro Prieto recuerda en su texto que "pronto fue necesario mayor espacio para aulas y oficinas. Se tomaron tres nuevos locales en el mismo edificio y posteriormente, ya en 1935, la Escuela se cambió, ocupando todo un piso en la misma calle de la Palma, ahora en el número 44, esquina con Venustiano Carranza". [2]

La sede que la EBC ocupó por una década, el edificio Thermidor, proyecto del arquitecto José Luis Cuevas Pietrasanta y del ingeniero Miguel Rebolledo Rivadeneyra. Tercero y cuarto pisos alojaron aulas para los Cursos orales y para Empleados, así como oficinas para la Dirección y los Cursos por correspondencia, que llegaban ya a toda la República e inclusive hasta algunas ciudades de América Latina. La Biblioteca, compuesta por cerca de 1500 volúmenes donados a la institución por estudiantes, profesores y amigos, ocupó un área importante de este espacio a partir de su inauguración en 1936 y la azotea del inmueble fue dispuesta como área deportiva en la que se practicó esgrima, acondicionamiento físico y volibol, incluso se construyó un frontón mano, al que los estudiantes acudían en sus tiempos libres. "El local de Palma 44 era muy amplio y perfectamente adecuado para nuestras clases… teníamos todo, hasta espacio para hacer deporte en la azotea del edificio que fue cubierta debidamente con alambrado y… a unos cuantos pasos de la salida de la escuela, la Casa de la Señora Fichot a donde pasábamos diariamente a tomar unas pequeñas empanadas de jamón verdaderamente suculentas." [3]

Hasta 1945 la EBC contó también con un Internado para varones, en Reforma 560, como una alternativa para las familias que quisieran confiar a la institución la formación integral de sus hijos. Su apertura ocurrió el 1° de julio de 1938 y se inscribieron internos de diversos estados del país y extranjeros. Fiel al espíritu de la época, la misión del internado fue impartir una educación “disciplinaria, moral y social” dentro de un ambiente que satisfacía las mayores exigencias: “higiene, confort y seguridad”. [4] "Después de los exámenes que eran cada dos meses hacían una fiesta y nos invitaban. Claro, eran muchos más muchachos, a las muchachas nos invitaban nada más a las que teníamos mejores calificaciones. La casa de la bancaria está en Lomas de Chapultepec, muy hermosa casa donde se hacían las fiestas." [5]

En los años 30 la EBC brindaba educación para quienes estuvieran interesados en llevar una carrera profesional mediante los Cursos por Correspondencia, para los empleados de instituciones bancarias y comerciales que requirieran capacitación especializada, jóvenes interesados en cursar sus estudios en la modalidad Oral y quienes necesitaran el servicio del internado por no radicar en la capital. A finales de la década ofrecía las carreras de Secretaria Taquígrafa, Funcionario Bancario, Contador Privado y Contador Público, todos sus programas enfocados al conocimiento técnico comercial y bancario dentro de las necesidades del México moderno que crecía a pasos acelerados.

Al tiempo que el entorno urbano se renovó con la traducción de la arquitectura en la “alternativa de belleza” que aprovechaba las nuevas tecnologías y fusionaba teoría con plástica para dar forma a las numerosas interpretaciones de la mexicanidad , la sociedad se transformó con la asociación de los valores del progreso y la modernidad al consumo. La moda se convirtió en el eje rector de los deseos citadinos de la clase media que invertía tardes enteras en las novedosas tiendas departamentales que ofrecían objetos como radios, fonógrafos, cámaras fotográficas y de video, muebles de inspiración oriental que dotaban los salones familiares de “buen gusto”, máquinas de coser y de escribir, sin los molestos pedales las primeras y de eficientes diseños las segundas. [6]

El México de 1930 a 1940 conservó el asombro ante los avances modernos y el deleite por la vida que descubría: paseos en tranvía y automóvil, tés danzantes y banquetes en lujosos salones amenizados por grandes bandas. El glamour europeo del periodo entre guerras trascendió una década más en suelo mexicano y fue partícipe de una cultura que adoptó las notas del jazz y del swing de Duke Ellington y Count Basie; que escuchó con ferviente nacionalismo las voces de Agustín Lara, Pedro Vargas y Jorge Negrete. En el mundo del teatro, María Teresa Montoya debutó en Madrid, Rodolfo Usigli fue nombrado director de la Sección de Teatro del Departamento de Bellas Artes y Mario Moreno “Cantinflas” abandonó las carpas para transitar hacia el cine. Carlos Chávez dirigió a la Orquesta Sinfónica en el Palacio de las Bellas Artes, Serguei Einseinstein filmó ¡Que viva México! en esa época, Daniel Cosío Villegas fundó el Fondo de Cultura Económica en 1934 y Kodak Mexicana publicó gratuitamente su revista Instantáneas.

Mientras tanto, el panorama internacional se agitaba con himnos de guerra, las potencias del Eje invadieron Manchuria y Etiopía a principios de la década de los 30, con la Guerra Civil Española el gobierno mexicano recibió 4 barcos de exiliados republicanos que se sumarían en agradecimiento a la creación y a la producción cultural. La ocupación de Polonia por los ejércitos nazis marcó el inicio de la Segunda Guerra Mundial, cuyos efectos se resentirían en todo el orbe y trascenderían a generaciones enteras. Los tratados de paz firmados en 1944 y 1945 traerían consigo un nuevo orden político que involucraría al mundo entero. La guerra precipitó cambios trascendentales en todos los aspectos de la sociedad: cultura, economía, y política se transformaron y avanzaron hacia un nuevo proceso.

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  1. El C.P. Alejandro Prieto Llorente compartió a lo largo de su vida su experiencia profesional con la EBC. Fue profesor de La Bancaria y autor de importantes textos como Principios de contabilidad desde 1931. En 1961 asumió la Dirección general de la institución y no fue sino hasta 1991 que concluyó su periodo y su cátedra de Ética profesional. Alejandro Prieto Llorente, La escuela y yo, inédito.
  2. Íbidem, p. 16. 
  3. Alejandro Prieto Ll. Memoria. Bodas de oro magisteriales 1931-1981, México, Talleres de Ruf Organización, 1981, p. 31.
  4. Antonio Luna Arroyo, “Una institución al servicio de los bancos”, en Banca y Comercio. Revista técnica de divulgación, Tomo VII, Núm. 9, México, 1° de septiembre de 1940, pp. 30-32 y 53.
  5. Entrevista Rosario Pastor O’Farrill. Enero de 2012.
  6. Julieta Ortiz Gaitán, “Casa, vestido y sustento. Cultura material en anuncios de la prensa ilustrada (1894-1939), en Historia de la vida cotidiana en México, México, FCE, El Colmex, 2006, Tomo V, Vol. 2, pp. 117-155.