Colección CVLTVRA, objeto de estudio en el siglo XXI (Segunda parte)

Por Beatriz Esquivel Franco

A pesar de las inconsistencias históricas en cuanto a las fechas, la trascendencia de Cvltvra como editorial y colección van más allá. Es en Cvltvra donde se integran y colaboran un grupo de personas afines que si bien tenían el antecedente del Ateneo de la Juventud, tienen una amistad y gran interés “por el porvenir del pensamiento mexicano”. [1] Una característica determinante en los colaboradores de Cvltvra es su bagaje cultural, así como la diversidad de ideas y opiniones (como herencia del propio Ateneo) y la afinidad hacia ciertos temas:

Pueden precisarse una serie de rasgos comunes que dan los propios ateneístas. El más notorio es la inconformidad con el positivismo, ideología refutada por los ateneístas. Vasconcelos habla de la “batalla filosófica contra el positivismo”. Por su parte, Reyes habla de la afición a Grecia, común a los directores del Ateneo, pero también de otros descubrimientos: las literaturas española, inglesa y alemana. También hubo preocupación por lo mexicano e hispanoamericano, así como una actitud de “cultura libre”. Pedro Henríquez Ureña afirma que el grupo tuvo un vivo espíritu filosófico, y Martín Luis Guzmán que el Ateneo se caracterizó por la seriedad en el trabajo. [2]

Es justamente esa seriedad en el trabajo que menciona Martín Luis Guzmán la que marcará a toda la generación intelectual del momento e influirá a las siguientes generaciones: La seriedad en el trabajo y en la obra; la creencia de que las cosas deben saberse bien y aprenderse de primera mano, hasta donde sea posible; la convicción de que así la actividad de pensar como la de expresar el pensamiento exigen una técnica previa, por lo común laboriosa, difícil de adquirir y dominar, absorbente, y sin la cual ningún producto de la inteligencia es duradero; el convencimiento de que ni la filosofía, ni el arte, ni las letras son mero pasatiempo o noble escapatoria contra los aspectos diarios de la vida, sino una profesión como cualquier otra, a la que es ley entregarse del todo, si hemos de trabajar en ella decentemente, o no entregarse en lo mínimo. [3]

Así, Cvltvra se configura como un lugar donde intelectuales y artistas mexicanos trabajan en conjunto por lo menos durante el periodo revolucionario, puesto que hacia el fin de la Revolución y el comienzo de la reestructuración del México de la posguerra muchos de ellos se decantarán hacia diferentes direcciones ideológicas e incluso se enemistarán.

Conforme pasa el tiempo, hay una evolución de sus contenidos y los autores seleccionados en Cvltvra. En los primeros números se leen autores no sólo mexicanos sino hispanoamericanos, mezclando algunos consagrados (que bien podrían entrar en la clasificación de antiguos) y noveles (o modernos), como Ángel Campo, Manuel Gutiérrez Nájera, José Enrique Rodo (uruguayo), Sor Juana Inés de la Cruz, Rubén Darío (nicaragüense), Ignacio Manuel Altamirano, Manuel José Othon, Enrique José Varona (cubano), Guillermo Valencia (colombiano), Guillermo Prieto, Justo Sierra, etc. Encontramos sus obras en los primeros 5 tomos de la revista, con excepción del Tomo I donde se encuentra a Mauricio Maeterlinck de origen belga (números 4 y 5) y en el Tomo 5, número 6 a Gabriel D’Annunzio, un italiano. A partir del Tomo VI (1917) hay una inclusión de autores extranjeros que escriben en otros idiomas, por ejemplo: Bernard Shaw, Marcel Schwob, Voltaire, Remy Gourmont, Omar-al-Khayyam, Nietzsche, Lord Dunsany, Edgar Allan Poe, etc., junto a los autores hispanoamericanos. Cabe mencionar que dicha selección “internacional” demuestra el sentido cosmopolita que Cvltvra adquirió de la mano de sus prologuistas, quienes a menudo realizaban la selección de las obras del autor que presentaban.

Uno de los prologuistas más destacados de Cvltvra es Manuel Toussaint, quien mantenía una fuerte amistad con Agustín Loera y Chávez, al grado que publican juntos otra revista (México Moderno). Con tan solo 26 años, será el encargado de las secciones bibliográficas de Cvltvra y realizará un sin número de prólogos. Se caracteriza por su gran labor en el campo crítico y del arte, es un gran estudioso de Sor Juana y justamente su selección y prólogo para el Tomo I, número 6, serán retomados para la edición de las Obras escogidas. “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz” que será publicada en la colección clásicos mexicanos de Editorial Cvltvra. [4]

Al igual que Toussaint serán otros allegados al círculo de Loera y Chavez y Torri, quienes comenzarán a prologar y más tarde también serán autores publicados, por ejemplo: Rafael Cabrera, Rubén Darío, Luis González Obregón, Carlos Pellicer, Enrique González Martínez, Luis G. Urbina, Amado Nervo y Antonio Caso. Otros prologuistas serán: Alfonso Cravioto, Alejandro Quijano, Pedro Henriquez Ureña, Rafael Nieto, Xavier Villaurrutia, Antonio Castro Leal, Carlos González Peña, Julio Jiménez Rueda, Manuel M. Ponce.

Son los prólogos de estos autores los que constituirán una gran e importante parte del paratexto de la colección Cvltvra, puesto que además de presentar la selección que se realizó, es posible que marquen un tipo de lectura determinada, una a través de los ojos del prologuista.

Algo que hay que tener en consideración es que Cvltvra está marcando la pauta en las publicaciones literarias y culturales de la época, y sobre todo la consagración de Editorial Cvltvra como un sello prestigioso. Cvltvra se estableció como el medio idóneo para difundir literatura de calidad, donde el semillero intelectual, que dirigió las riendas culturales del país en el siglo XX, participó. Ya el propio Agustín lo afirmaba en su correspondencia personal, “como «Cultura», acabará por difundirse por la maravillosa capilaridad de nuestro organismo nacional hasta imponerse definitivamente.” [5]

Hoy en día quedan muchas preguntas sin contestar, una de ellas es el papel de Rafael Loera y Chávez en la creación de Cvltvra. Otra cuestión a considerar son las razones por las cuales Cvltvra dejó de imprimirse, que no están claras. Las respuestas a este punto pueden ir desde un desacuerdo entre los directores hasta un cambio de prioridades de la editorial (y sus editores), pues no hay que olvidar que todos los colaboradores se encontraban inmersos en otros proyectos editoriales y políticos. Esta cuestión me parece de un carácter sumamente importante, puesto que Cvltvra es una de las pocas publicaciones periódicas del México revolucionario y post-revolucionario que se consagró, obtuvo prestigio y hoy en día todavía es posible leerla y convertirla objeto de estudio.

La Colección Cvltvra forma parte del Fondo Antiguo Agustín Loera y Chávez custodiaro por el Archivo Históco de la EBC y puede consultarse en sala.

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  1. Correspondencia particular Agustín Loera y Chávez del 14 de octubre de 1928 en Cecilia Sandoval Macías, "Palabra y técnica. Historia de la Escuela Bancaria y Comercial" en Las hojas del árbol, Boletín del Centro Cultural Manuel Gómez Morin, vol. 2, no. 2, p.2313. Armando Pereira y Albarrán, Claudia, Diccionario de literatura mexicana: siglo XX, UNAM, México, 2004, p.43 
  2. Martín Luis Guzmán, A orillas del Hudson, Librería Editorial de Andrés Botas e Hijo, México, 1920, pp. 48-49
  3. Martín Luis Guzmán, A orillas del Hudson, Librería Editorial de Andrés Botas e Hijo, México, 1920, pp. 48-49 Luis Mario Schneider, “Manuel Toussaint, la literatura como oasis” en Manuel Toussaint: su proyección en la historia del arte mexicano, UNAM, México 1992, p. 309. 
  4. Luis Mario Schneider, “Manuel Toussaint, la literatura como oasis” en Manuel Toussaint: su proyección en la historia del arte mexicano, UNAM, México 1992, p. 309
  5. Correspondencia particular Agustín Loera y Chávez del 14 de octubre de 1928 en Las hojas del árbol, Vol.2, No. 2, Boletín del Centro Cultural Manuel Gómez Morin, 2009, p.23.