Armando Calvo Marroquín

Por Teresa Cecilia Sandoval Macías
Don Armando Calvo Marroquín | Amigo del Museo | AHEBC | Acervo fotográfico | 2011
Ilustración del Edificio Thermidor, sede de la EBC hasta 1945 | AHEBC | Acervo documental | 1938
Ilustración de uno de los salones del plantel de Palma 44, sede de la EBC hasta 1945 | AHEBC | Acervo documental | 1938
Don Armando Calvo recibiendo la medalla Manuel Gómez Morin | AHEBC | Acervo fotográfico | 2011
Don Armando Calvo Marroquín en entrevista con el equipo de Museo EBC | AHEBC | Acervo fotográfico | 2011

Profesor de Derecho Civil y Derecho Mercantil

EBC de Palma y Reforma | Años 40

Cuando pensamos en los primeros años de vida de la EBC, recordamos también los años iniciales del México moderno, donde se reconfiguraba nuestro país y se conjugaban las tradiciones con las propuestas de jóvenes intelectuales que miraban hacia un futuro mejor.

Nuestro Amigo del Museo don Armando Calvo Marroquín, en una agradable charla, nos regaló un montón de instantáneas del México de los años 40, heredero de los primeros años posrrevolucionarios, así como imágenes de la Escuela Bancaria, que hoy compartimos con toda la comunidad EBC.

Don Armando Calvo llegó a la EBC como profesor para las cátedras de Derecho Civil y Derecho Mercantil. Fue recomendado por su hermano Octavio, quien impartía ya clases en la bancaria. Durante la entrevista, notamos el gran afecto existente entre los hermanos que les permitió trabajar juntos en diferentes proyectos como cuando Octavio fue Consejero del Banco de México y Armando Consejero suplente.

Sus primeras clases en la bancaria, fueron en el edificio situado en la calle de Palma 44. Se acuerda con mucho afecto de su primer grupo, que era únicamente de señoritas, “todas muy bonitas, estudiosas y aplicadas”. Incluso menciona los nombres de algunas: Martha Medina Mora, Victoria Colofón y María Eugenia Jimeno.

Ese primer año transcurrió en el Centro de la Ciudad de México pero al siguiente comenzó la mudanza al plantel que se construía en Reforma 202 y que fue convirtiéndose poco a poco en la sede de la escuela. Al principio tenía únicamente la Dirección, la Secretaría General y dos o tres salones.

Agustín Loera y Chávez era el Director, lo recuerda adusto, serio, amable y siempre entregado a la escuela. Gracias a él la organización era perfecta, don Armando recuerda que “funcionaba como un relojito”. Loera citaba a los profesores año con año, los recibía muy puntual uno por uno y platicaba con ellos sobre las clases que darían, los horarios y los solones asignados.

Estando ya en Reforma, su salón se ubicaba en el primer nivel en la esquina. Ahí daba clases entre las 3 y las 4 de la tarde después de comer, había mucho sol y nos cuenta que él se veía encerrado ahí con 40 jovencitas hasta las 5. Comenta con una sonrisa que en verdad se trabajaba muy a gusto.

Al concluir, se reunía con dos amigos suyos, también profesores EBC: el Lic. Guillermo H. Viramontes y el Lic. Salvador M. Elías, quien fue compañero suyo en la facultad y por varios años Secretario General de la escuela. Tras el esfuerzo agotador y el calor, iban a la tiendita por un refresco y entablaban pláticas muy amenas entre anécdotas y chistes. Acota que ambos eran muy buenos maestros y recuerda a otro colega, el profesor Mariscal.

Nos comentó que en aquella época se trabajaba por la mañana y por la tarde; y todo cerraba dos horas para comer. El ritmo de la Ciudad era mucho menos vertiginoso.

Siguiendo con el recorrido, Armando Calvo nos platica que el edificio se completó en pocos años, aumentaron los salones y se multiplicaron los alumnos, siempre bajo la dirección de Agustín Loera. De igual forma, la producción editorial continuaba creciendo, su hermano Octavio, escribió, junto con Arturo Puente y F. uno de los libros de texto para Derecho Mercantil. Desde entonces, la obra fue utilizada no solo por la EBC, sino por diferentes universidades en toda la República.

En aquel entonces, la bancaria ofrecía las carreras de Contador privado, Secretaria ejecutiva y Funcionario bancario, tiempo después abrió también la de Contador público, que en un principio estuvo incorporada a la UNAM.

Nos cuenta que el crecimiento de la carrera de C.P. fue muy evidente, puesto que el primer año que se ofreció él tenía sólo 6 ó 7 alumnos en su grupo, todos muy aplicados e interesados en la materia pero en los siguientes, el número de estudiantes aumentó considerablemente.

Sobre los exámenes nos platicó que eran escritos, se dictaban los temas elegidos y los estudiantes eran vigilados tanto por su profesor como por un sinodal extra. Riendo, nos dice que él se sabía de memoria todas las técnicas para hacer un acordeón… y acto seguido nos comenta que corregir 60 exámenes y revisar trabajos era una labor muy laboriosa, que daba mucha flojera pero que había que hacerla.

También de sus días como maestro en la EBC nos comparte sobre la fiesta que le hicieron sus alumnas el día de su santo. Se organizaron y en el salón de clase recitaron poesía, cantaron, contaron anécdotas y chistes. De esos días recuera a la señorita Socorro Batista a quien le gustaba mucho el baile y decidió abandonar la contabilidad para abrir una exitosa academia. Nos dice que muchos años después, fue ella quien puso el baile de 15 años a su hija Beatriz.

La EBC pagaba una cantidad simbólica por hora, sus profesores compartían sus conocimientos con gusto. La clase dada era la clase que se pagaba y siempre había un suplente para cualquier contingencia.

Recordó también que don Agustín tenía una placa que inspiraba a quien la leía: "Una de las aspiraciones de esta escuela es inculcar en la juventud, frente al crudo utilitarismo actual el sentido de los valores del espíritu." 

Llegó el momento en que sus actividades como abogado le impidieron tener tiempo para dar clases, entre las Comisiones que su hermano Octavio le encomendó y las labores jurídicas relación con la tesorería del Gobierno del Distrito Federal.

Dejó la EBC y estableció su despacho profesional independiente, también trabajó para Hardin & Hess, de N.Y. Toda su vida se dedicó al derecho, al impulso del mismo y a la educación.

De su relación con la EBC, Armando Calvo nos refiere que recurrió a Ignacio Carrillo Zalce, quien fue Secretario General hasta su muerte, para contratar a una secretaria que le ayudara en su Despacho. La señorita elegida era una muchacha bonita y muy hábil, excelente ayuda, que después de muchos años volvió a encontrar.

Don Armando recibió una excelente educación en la UNAM, incluso nos comentó que su título de Abogado fue firmado por Manuel Gómez Morin, quién fue Rector en 1933. A él le tocó estudiar la carrera antes de que se construyera Ciudad Universitaria, en San Ildefonso esquina República de Argentina.

Al igual que muchos otros intelectuales de la época, Armando Calvo estudió también cursos de filosofía, humanismo y arte en la Escuela de Altos Estudios, antecedente de la Facultad de Filosofía y Letras. Ahí fue alumno de los hermanos Caso: Historia de la Filosofía con Antonio, que era un orador nato y Arqueología con Alfonso. Mencionó también sus clases de Filosofía de la educación con Ezequiel Chávez y, a manera de anécdota nos refirió que no tomó historia del arte por cursar esta materia que era muy aburrida… sus amigos si la llevaron y se ha arrepentido mucho de no haberlos seguido.

Sin embargo, ha estudiado arte, le gusta mucho leer y ha realizado numerosos viajes.

Contribuyó a la creación de diversos doctorados y fue Socio fundador de Fomento educacional.

Al concluir nuestra charla, nos compartió que a lo largo de su vida se encontró con exalumnos de la EBC, quienes siempre tenían bufetes contables, que eran los más prestigiosos. Cuando necesito contadores los buscó de la EBC.

“Gocé mucho en calidad de maestro. En la EBC y más de 20 años en la UNAM. Recuerdo con mucho cariño mi permanencia y actuación en la EBC, la recuerdo con mucha emoción. Para mí fue un honor haber sido profesor EBC.”