Agustín Loera y Chávez. Su contribución al proyecto nacional: bibliotecas y educación

Por Teresa Cecilia Sandoval Macías

“…ver realizado el anhelo de establecer en cada barrio de la ciudad, la Biblioteca circulante infantil, que proporcionará a cada niño el libro que necesita y el que su padre debe leer, y junto a cada taller la librería, [entiéndase biblioteca] en que los obreros encontrarán las lecturas que les faciliten, ilustren y encausen sus tareas…”

Agustín Loera y Chávez

Carlos Chávez escribe en su texto autobiográfico Mis amigos poetas –dedicado a Ramón López Velarde – que en los tiempos de guerra todo es más difícil que en tiempos de paz, y las posibilidades de prever el futuro inmediato disminuyen drásticamente. El texto del compositor alude a los días de 1915, cuando el ejército Constitucionalista se enfrentaba a Villa y a Zapata, y Venustiano Carranza dirigía un México que luchaba por definirse. En esos días los primeros intentos de reconstrucción comenzaban a sentirse en la capital a pesar de que la lucha siguió por varios años más.

El compositor, narra la fundación de la dirección de Bellas Artes en 1917, señala que en ella colaboraron distinguidos intelectuales y entre ellos nombra por primera vez a Agustín Loera y Chávez, bibliófilo y apasionado hombre de letras que en 1929 se embarcaría en el proyecto de liderar al equipo que construiría la Escuela Bancaria y Comercial y la dirigiría hasta su muerte en 1961.

Aprovecho el texto de Carlos Chávez para acercarme a la figura de don Agustín desde su labor como impulsor del reconocimiento de las bibliotecas. De la mano de su ejercicio editorial y de promoción intelectual durante la primera mitad del siglo XX, realizó una importante labor para distinguir el quehacer bibliotecario como elemento esencial dentro proceso educativo. [1]

Carlos Chávez ofrece en su nota uno de los numerosos testimonios sobre el trabajo de don Agustín: Fue en este periodo cuando Agustín Loera y Chávez, primo mío, también recién de regreso de Veracruz, fundó la “Colección Cultura” –publicación literaria de enorme importancia y que alcanzó gran difusión- que llevó a cabo asociado con Julio Torri. El primer número apareció –precisamente un año después del regreso- en agosto de 1916. [2]

Siguiendo la tesis de Carlos, es probable que Agustín decidiera seguir adelante con su pasión por los libros y crear –junto con su hermano Rafael- la empresa ubicada en el no. 5 de Argentina en el centro de la ciudad, a la que bautizaron como Editorial México Moderno (1919); en ella publicaron obras modernas de autores como Antonio Caso, Enrique Fernández Ledesma, Ramón López Velarde, Pedro Henríquez Ureña, Vicente Lombardo Toledano y Alfonso Cravioto.

Con el correr de los meses, la librería de los hermanos Loera y Chávez cobró gran prestigio y se convirtió en uno de los puntos de reunión predilectos por los intelectuales del momento que, conforme avanzó el siglo XX, se erigieron como voces importantes en el destino político y cultural del México moderno.

Investigadores como Alicia Añorve Guillén, coinciden en que los primeros intentos sólidos para un proyecto educativo y bibliotecario se gestaron en el periodo de poder del grupo “constitucionalista”. En este sentido, la modernidad se tradujo en la creación de bibliotecas con el objetivo de que el pueblo entrara en contacto con obras que proporcionaran conocimientos técnicos y cultura universal, al mismo tiempo que se priorizaron programas de atención infantil con el objetivo de inculcar el hábito de la lectura. Señala también, que el papel de don Agustín en estas acciones iniciales fue fundamental, ya que logró el reconocimiento de la biblioteca como elemento en el “mejoramiento de la educación”. Las conclusiones a las que llegó gracias a una metódica observación del sistema bibliotecario estadounidense y al análisis de las necesidades mexicanas, trajeron como resultado la reorganización y modernización de las colecciones bibliográficas de los acervos públicos, la inclusión de nuevos servicios y la publicación de boletines. [3] Éstos últimos, no sólo notificaban sobre las nuevas adquisiciones sino proporcionaban [...] a profesionistas, comerciantes y obreros, la clave de investigación en cada una de sus tareas, simplificando, al fin, el laboriosisímo trabajo que hoy tiene que realizar en México todo el que se dedica a tareas intelectuales, reconstruyendo por sí mismo la ciencia ya hecha, o buscando por sus propias manos, en la desesperante escasez de información, las fuentes de su trabajo. [4]

Agustín Loera y Chávez logró organizar y clasificar debidamente la Biblioteca Nacional, crear una bibliografía nacional que incluyó los trabajos de los eruditos mexicanos e incorporó las tendencias científicas en boga, y dio vida a las llamadas bibliotecas circulantes infantiles como parte de su programa de fomento a la lectura. [5]

Años después, Agustín colaboró en la publicación El maestro que José Vasconcelos emitió desde la recién creada Secretaría de Educación Pública.

Como Director de la Escuela Bancaria y Comercial creó un nutrido acervo bibliográfico para disposición de los estudiantes y de su planta docente. La Biblioteca se completó gracias a la donación de amigos personales de don Agustín y de la Institución, exalumnos e instituciones que –desde sus inicios- apoyaron el proyecto educativo. Entre los principales donantes, se encuentra Manuel Gómez Morin, quien aportó 39 libros inicialmente y el lote Daniel R. Aguilar, del cual era albacea. [6] Los volúmenes se encontraban organizados bajo el sistema decimal creado por Melvil Dewey, al igual que en las demás colecciones creadas por Loera y Chávez desde que participó como Subdirector de la Biblioteca Nacional y fundó la Escuela Nacional de Bibliotecarios y Archiveros en 1916.

Fiel a su tradición, emitió también un Boletín informativo que contenía el catálogo de las cerca de 1500 obras que integraban la biblioteca inaugurada el 1° de septiembre de 1936, así como los objetivos del Departamento de Informaciones Técnicas y Bibliográficas que nacía a la par y que continuaba con la labor que don Agustín iniciara con la reorganización de la Biblioteca Nacional hace 20 años.

La sala de lectura de la Biblioteca de la EBC estaba presidida por una placa de bronce hecha por encargo de Agustín Loera y Chávez y de Alejandro Prieto Llorente, fundador de la institución e integrante de su claustro académico. En ella, se podía leer la cita del escritor y filósofo suizo Amiel que decía: Seamos veraces. En eso consiste el secreto de la elocuencia y de la virtud; en eso reside la autoridad moral; esa es la más elevada máxima del arte y de la vida.

Otro ejemplo de la importancia que Loera y Chávez dio a la investigación bibliográfica en la EBC es la Sección de Francisco Monterde en las revistas Banca y Comercio y Crédito, donde por más de 20 años, escribió sobre los libros que producía la institución y los títulos que incorporaba a su acervo.

Es posible que las palabras de Amiel elegidas por don Agustín encierren también su esencia: hombre de férrea disciplina y amor por los libros que participó en la construcción de la educación del México moderno, que abrió importantes foros a los poetas, escritores e investigadores que crearon la cultura nacional, pero sobre todo, el hombre que disfrutó la cultura y la compartió con sus estudiantes y con quienes estuvieron a su alrededor. Cabe destacar que la obra de Amiel fue una de las primeras publicadas dentro de la Colección Cvltvra, aun cuando los rumores de la batalla podían escucharse y la lucha revolucionaria modificaba el rostro del país.

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  1. La educación se convirtió en una de las banderas más importantes del discurso revolucionario. Los proyectos a su alrededor recogieron la labor realizada por Justo Sierra y los ateneístas en un primer momento y, ya entrada la década de 1930, sería escenario de fuertes polémicas íntimamente vinculadas a la construcción del discurso nacional como la reforma al artículo tercero y la imposición de la educación socialista en 1934.

  2. Carlos Chávez, Mis amigos poetas. Ramón López Velarde, México, El Colegio de México, 1973. Disponible en: <http://www.colegionacional.org.mx/SACSCMS/XStatic/colegionacional/template/pdf/1973/09%20-%20Literatura_%20Mis%20amigos%20poetas_%20Ramon%20Lopez%20Velarde,%20por%20Carlos%20Chavez.pdf 
  3. Martha Alicia Añorve Guillén, “El movimiento constitucionalista revolucionario (1913-1920) promotor de la Biblioteca en la educación y en la conformación de una sociedad mexicana usuaria del libro y la biblioteca” en Revista General de Educación y Documentación, 2004, 14, núm 2, pp. 189-203.  

  4. Íbidem, Martha Alicia Añorve apud., Agustín Loera y Chávez, “Inauguración de la Escuela de Bibliotecarios y Archiveros”, en Boletín de la Biblioteca Nacional de México, México, II, 4 (octubre, 1916), p. 147.  

  5. Sofía Brito Ocampo, La Biblioteca Nacional y la Bibliotecología en México, en Boletín del IIB, vol. XIII, núms. 1 y 2, México, 2008, p. 334. 

  6. AMGM, Correspondencia Manuel Gómez Morin – Agustín Loera y Chávez. Septiembre 19 de 1936. Recibo de donación de libros a la Biblioteca de la Escuela Bancaria y Comercial. 

    AMGM, Correspondencia Manuel Gómez Morin – Agustín Loera y Chávez. Diciembre 12 de 1936. Sobre los libres donados al acervo de la EBC de la Biblioteca Circulante de Ciencias Sociales “Daniel R. Aguilar”.