7 de enero de 1943. Primer día de clases en la EBC

Recuerdos de la maestra María Eugenia Jimeno de López Aguado

El 12 de julio de 2005, la maestra María Eugenia Jimeno de López Aguado nos concedió una entrevista en la que compartió recuerdos de su larga y fructífera relación con la escuela.

Doña María Eugenia es toda una institución en la historia de la EBC. Administrativos, profesores y alumnos la reconocen y recuerdan con cariño y admiración por su labor como docente -pero sobre todo- por el arduo trabajo que realizó en la división de educación a distancia. [1] En esta nota, abordamos cómo fue su primer contacto con la EBC y lo que nos platicó sobre sus días como estudiante.

María Eugenia Jimeno ingresó a la Escuela Bancaria y Comercial a los 14 años, tras haber concluido su educación primaria con las madres guadalupanas en su casa (revalidó 4º, 5º y 6º a título de suficiencia en la Secretaría de Educación Pública para obtener su certificado). El jueves 7 de enero de 1943, inició sus estudios como Funcionario Bancario y Contador Privado. Su padre decidió inscribirla en la Bancaria porque “…la escuela no era ni para pobres ni para tontos, ni para flojos ni para gente vulgar…” y quería que su hija tuviera la mejor instrucción.

La familia de María Eugenia vivía en la calle de Mar Mediterráneo, por lo que tenía que trasladarse en tranvía de la zona de Tacuba al Centro de la ciudad. Compraba tres planillas de 25 centavos hasta que su papá le compró un abono. El acto de viajar sola significó una gran responsabilidad para ella; de igual forma, estudiar en la Bancaria fue un cambio enorme, ya que era una escuela mixta y ofrecía una educación muy diferente a la que había conocido hasta entonces.

A principios de la década de 1940, la EBC se ubicaba en el número 44 de la calle de Palma, en el edificio Thermidor, que era propiedad del Puerto de Liverpool y que compartía con la mueblería Gerber Carlisle. La Bancaria ocupaba los pisos cuarto y quinto del inmueble. María Eugenia comenzó sus clases en el piso superior y comenta que fue una experiencia traumática “…no había visto yo tanta gente antes, había que esperar elevador entre un montón de muchachos y muchachas. Todo eran sorpresas, caminos que tenía yo que abrir, vivencias que tenían que ser. Que ahora resultan ridículas porque toda la libertad la tienen los muchachos pero en aquella época no era así.”

De ese 7 de enero, nos dice que los estudiantes se acomodaban en las bancas que flanqueaban el pasillo del cuarto piso, que era la única entrada que había y el paso obligado para bajar al tercero. “…lógicamente los muchachos se sentaban ahí en la entrada para ver llegar a las muchachas ¿verdad? Yo me quería regresar a casa pero no había regreso.” María Eugenia entró en un grupo donde solo había mujeres y sintió alivio; al respecto, recuerda que en ese primer año había dos grupos de chicas y tres de chicos pero a partir del segundo las clases se volvían mixtas.

“Una cosa que se hacía difícil era que cada hora cambiábamos de profesor, con costumbres diferentes y formas de enseñar distintas. Podemos decir que el primer mes fue de adaptación pero de ahí en adelante la cosa se llevó muy bonitamente. Yo sentía que yo podía muy bien con las clases, que ninguna me era muy difícil, que en todas contestaba bien, que los profesores comenzaban a reconocerme por mi nombre y apellido, mis compañeros me preguntaban lo que no habían entendido. Me empecé a sentir muy a gusto y antes de un mes ya estaba acostumbrada.”

Su primer maestro fue el licenciado Mariano Alcocer, quien impartía Economía. Inglés estaba a cargo de Eduardo Williams. Después le dio clase de Contabilidad don Gustavo Mondragón Hidalgo: “...era un maestro muy expresivo, accionaba mucho sus manos para dar clase y era una maravilla escucharlo, daba una clase preciosa de contabilidad. Ahí me enamoré yo de la contabilidad, en la clase de don Gustavo”. Recordó también a don Wilfrido Castillo Miranda, de quien comenta “…tenía la particularidad de tener doble carrera porque era ingeniero y contador público, las dos cosas era. Ya se imagina la clase de personajes que me dieron cátedra.”

María Eugenia también nos platicó sobre las profesoras que tuvo a lo largo de su carrera como la Srita. Beatriz Espinosa de los Monteros, quien era muy severa, una persona muy fina y daba varios cursos de Inglés. Caligrafía estaba a cargo de la Srita. Amada Gutiérrez Gurría “era una mujer preciosa, hermosísima que partía plaza en cualquier parte…, muy bonita pero exigente como ella sola. Nos supervisaba la postura palme desde coger la pluma y los movimientos del brazo. Todos, hombres y mujeres, salíamos con muy buena letra porque entonces ni se imaginaban las máquinas de contabilidad y todo se llevaba a mano.”

La maestra Jimeno de López Aguado recuerda que salía de la EBC a la 1:30 y que durante los primeros años no volvía en la tarde. A los cursos vespertinos asistían empleados de diferentes bancos, “para eso se había fundado la Escuela Bancaria”. Las clases eran de lunes a viernes pero el sábado había que preparar todo para la siguiente semana ya que los profesores no dictaban apuntes y había pocos libros de texto. Y de entre ellos menciona el de inglés, el de Principios de Contabilidad de Alejandro Prieto y el de Derecho escrito por el Lic. Calvo.

Conforme avanzó en su carrera, el horario se amplió a la tarde, lo que le dio la oportunidad de tomar clase, en cuarto año, con el marqués Romero de Terreros.

María Eugenia platica que entonces los “ires y venires de la política mexicana” comenzaron a modificar la forma de pensar de la gente. En la EBC acababa de inaugurarse la carrera de Contador Público.

Casi inmediatamente que concluyó de estudiar, comenzó a trabajar en la propia Escuela Bancaria. “He trabajado toda mi vida en la Escuela Bancaria. Tenía yo 17 años cuando entré a trabajar. Era instructora de contabilidad para la enseñanza abierta y trabajaba con Salvador López Aguado –Jefe del Departamento Técnico- y con Luis Ruiz de Velasco –Director de los Cursos por Correspondencia-.”

Años después, María Eugenia contrajo matrimonio y dejó la Escuela para dedicarse a sus 9 hijos, hasta que don Agustín Loera y Chávez la invitó a ocupar la cátedra de matemáticas. En 1960 fue nombrada Directora del Departamento de Enseñanza Abierta, en el que trabajó hasta su jubilación.

“He amado mucho la enseñanza abierta, siempre. He considerado que es un medio que la escuela tiene muy bonito de llegar a gente que no tendría la menor esperanza de poder hacer una carrera. En mi época se logró el reconocimiento de validez oficial de los estudios del Instituto de Enseñanza Abierta.”

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  1. La educación a distancia inició casi a la par que lo hizo la Bancaria. En 1931 se crearon los Cursos por Correspondencia de la Escuela Bancaria del Banco de México que por más de 50 años ofrecieron sus servicios en toda la República Mexicana y diversos países de América Latina y Estados Unidos. Ya en la década de 1980, nació el Instituto de Enseñanza Abierta (IDEA), que continuó llegando a cientos de estudiantes en diferentes ciudades e implementó diferentes metodologías y espacios como Hogar Aula. Actualmente, campus Virtual concentra los programas de educación a distancia aprovechando los avances tecnológicos y las posibilidades de Internet.