La singularidad de la Constitución Mexicana #Constitución100

Para analizar la Constitución Mexicana es necesario comprender que cada constitución ocupa un lugar particular en el fenómeno político y jurídico constitucionalista. Cada constitución se apropia, actualiza e interpreta la idea de constitucionalidad en función de sus propias necesidades tomando en cuenta la historia de otras constituciones en el mundo.

La Constitución Mexicana es singular porque representa una verdadera efeméride o hito dentro de la historia del constitucionalismo. No sólo discute con el pasado del movimiento constitucionalista y lo actualiza en una manifestación jurídica concreta, sino que aventura un gran salto adelante que reconfigura lo que hasta entonces se había considerado como “incluible” en un ordenamiento constitucional.

¿Cómo se entiende, a lo largo de su historia, la Constitución Mexicana?

Como una norma jurídica fundamental. Este tecnicismo quiere decir que no es una ley; una ley al uso es una consecuencia del Estado y de uno de sus poderes (el legislativo). La constitución al ser una norma jurídica fundamental es la institucionalización normativa del Estado. Esto es, la constitución es el Estado, su plasmación jurídica. Es decir, es la plasmación jurídica de cómo una comunidad se intuye a sí misma y de cómo esa comunidad va a ejercer la soberanía sobre sí misma en un territorio dado.

Al ser entendida como norma jurídica fundamental no remite, como la constitución inglesa, a un “orden constitucional” no plasmado directamente en una norma con forma de ley o código; en el caso inglés, el “orden constitucional” son un conjunto de normas dispersas que se actualizan en el conjunto de prácticas jurisprudenciales a lo largo de la historia. No remite, como en el caso de la constitución francesa que emanó de la revolución del siglo XVIII en este país, a una normatividad política que está al servicio del Estado: es decir, lo organiza y dice quiénes son sus ciudadanos y sus derechos (pero el Estado la precede, y está al servicio del poder político). No remite tampoco, como en el caso de la soviética, a un texto político/programático que se pone como meta la instauración de un proyecto político en un territorio y en el mundo: en este caso el socialismo. La constitución mexicana, en cuánto norma jurídica fundamental, es la plasmación jurídica del Estado y, en este sentido, es una constitución escrita y rígida.

Escrita, porque tiene forma de ley o código: un corpus, más o menos técnico, estructurado con cierta organicidad, de artículos. Y rígida porque establece un proceso en su propio corpus para reformarse: o sea, sólo el procedimiento previsto en la constitución es “constitucional” o legítimo para que proceda una reforma de ésta. Sólo el Estado puede reformarse a sí mismo.

Entonces, la constitución, en cuanto norma jurídica fundamental es, en sí, la articulación normativa del Estado. Contiene las normas que regulan la producción de normas jurídicas ordinarias, la determinación de los órganos facultados para llevar a cabo ese proceso, la autorización de los tribunales que juzgarán las leyes, los órganos encargados de aplicar las leyes, el catálogo de derechos y libertades fundamentales, un sistema que proteja dicho catálogo y permita invalidar actos o leyes que lo vulneren, y un proceso que permita la modificación o supresión de la propia constitución bajo determinadas condiciones.

Es importante señalar la Constitución Mexicana es singular porque incorpora a los derechos y libertades fundamentales (a través del artículo 5 y el desarrollo que hace de éste el artículo 123), los luego llamados (y reconocidos en cuanto tales por instancias internacionales) derechos humanos de segunda generación que competen a la problemática social: es decir, las garantías sociales de bienestar, trabajo y protección social.