La Fundación de la EBC

Por Teresa Cecilia Sandoval Macías

10 de marzo de 1929

Escribir acerca de la fundación de la Escuela Bancaria y Comercial (EBC) es hacerlo también sobre la creación del México moderno creado tras la Revolución de 1910. En la coyuntura posrevolucionaria los mexicanos atestiguaron el levantamiento de diferentes voces que pedían un mejor futuro y que, a partir de sus obras, iniciaron la edificación del México moderno.

Así, la creación de instituciones engrosó este proceso que, si bien tuvo más brío en los años veinte y treinta, permeó casi todo el primer segmento del XX. La Revolución trocó la vorágine destructora por acciones llenas de dinamismo y confianza en el futuro.

Era evidente la necesidad de una reforma en la banca. La lucha armada descapitalizó el país y afectó a la población civil. La rehabilitación hacendaria implicaba una labor sumamente complicada. En diciembre de 1924, Manuel Gómez Morin redactó la Ley General de Instituciones de Crédito, donde se atiende la creación de un banco único y su normatividad. La fundación de éste cristalizó con el evento inaugural del Banco de México, el 1º de septiembre de 1925. Desde sus inicios fue evidente la necesidad de capacitar a sus empleados en el manejo de la banca central. Como respuesta, el 10 de marzo de 1929, en la biblioteca de su primera sede, se creó la Escuela Bancaria, que conjugó en sus programas educación y capacitación.

Alejandro Prieto, uno de los profesores de esta primera generación, escribe en sus memorias sobre aquella época: “Había que reestructurar el sistema bancario mexicano; pero faltaba el elemento humano, faltaban mexicanos que supieran la función esencial de la banca y fueran capaces de manejarla…” [1]

La creación de la Escuela Bancaria ocurrió durante la dirección de Alberto Mascareñas, pero fue bajo el ideario de don Manuel que se consolidó como parte del claroscuro que vivía el país, entre la reconstrucción política y económica en ciernes y la nutrida producción cultural. La dirección académica quedó a cargo del intelectual y diplomático Agustín Loera y Chávez, quien recibió el nombramiento del propio Gómez Morin; amigos que compartían en muchos sentidos su visión transformadora de la cultura y la educación, como se aprecia en estas frases extraídas de la correspondencia que entablaron a lo largo de la primera mitad del siglo XX:

"…proyectos y posibilidades y a las posibilidades de realizar en México una amplia labor de coordinación que uniendo voluntades e inteligencias redunde en provecho de la educación en particular y de la cultura general." [2]

El recibimiento del proyecto fue excelente; se sabe que en su primer ciclo asistieron alrededor de 70 empleados del Banco. Don Manuel y don Agustín, junto a un claustro especializado, elaboraron los temarios. Materias como Organización jurídica, Nociones de economía política, Banca y Operaciones bancarias, eran impartidas por reconocidos funcionarios, abogados y destacados contadores de la época como Tomás Vilchis, Miguel Palacios Macedo, Roberto Casas Alatriste y Alejandro Prieto. Los cursos iniciales se ofrecían en las primeras horas de la mañana, las últimas de la tarde y en horarios sabatinos, para que los interesados compaginaran el estudio con sus respectivos trabajos.

Entre sus logros iniciales se cuentan la creación de una teoría contable adaptada al medio mexicano que vertida en textos originales propició el desarrollo de novedosos métodos de enseñanza técnica; el nacimiento de la primera escuela nacional por correspondencia (1931), que permitió que los cursos llegaran a las 26 sucursales que el banco tenía en la República; y la apertura de los Cursos orales y por Correspondencia para el público en general.

El éxito de la Escuela Bancaria se debió a su excelente profesorado, mismo que continuaría íntegro al separarse ésta del Banco en 1932 para convertirse en nuestra querida Escuela Bancaria y Comercial que en marzo de 2017 celebra su 88 aniversario.

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  1. Alejandro Prieto, La escuela y yo, inédito, p. 2.

  2. AMGM, Correspondencia con Agustín Loera y Chávez, París, 14 de octubre de 1928.